Visión y Misión
Nuestra Visión
Todos los seres humanos, por muy divididos que estemos debido a nuestras nacionalidades, sexo, culturas, religiones, crianza, política, preferencias sexuales, experiencias, historias y creencias, compartimos un trauma fundamental. Una herida que nos hace iguales y nos une mucho más profundamente que cualquiera de las diferencias que nos dividen.
Todos recordamos vagamente aquel tiempo cuando éramos niños y nos imaginábamos y soñábamos que éramos héroes y heroínas, príncipes y princesas, seres míticos salidos de cuentos de hadas, libros y películas. ¡Qué hermoso sentido de libertad era ese! Hasta que muchos de nosotros sucumbimos a ser criados en un ambiente que nos empuja a “despierta”, a “crece” a “deja de ser ingenuo”, y admite que “nuestro mundo es hostil”. El temor de la sociedad nos inculca que para protegernos de ser la presa, debemos ser depredadores sospechosos y cautelosos. Fue entonces que nos permitimos creer que nuestro sueño de magnificencia, de una vida grandiosa, mítica, era una farsa, una ilusión y que nuestra única opción era la de vivir vidas seguras, ordinarias como casi todos los demás, y que los mejores actos eran realizados bien sea por personas “especiales”, diferentes de nosotros o eran una mentira, que escondía egoísmo, hipocresía y debilidad. Nos dejamos ser engañados por nuestros dioses: nuestros padres, nuestros maestros, nuestros amigos, nuestra sociedad de manera tal que no teníamos otra opción que creer y abandonar todos nuestros sueños tontos de grandeza y bondad.
Estas arraigadas creencias son la razón por la cual nos sentimos solos, aislados, desconfiados, cautelosos y cínicos con nuestro mundo y con todos los que nos rodean, castigados con desilusión y decepción cada vez que nos atrevemos a recordar nuestros más elevados yo, las ilusiones de nuestra niñez.
Nuestro común denominador es nuestra mayor herida. El trauma de nuestra propia traición a nuestros ideales, de la negación de lo mejor dentro de nosotros mismos. El insensible dolor de que lo mejor dentro de nosotros, nuestra alma de niño, está silenciosamente decepcionado de los adultos en que nos hemos convertido, de las vidas monótonas que acabamos llevando donde la magia no solamente está ausente sino que es inexistente. Nos duele tanto el simple hecho de considerar que podríamos estar equivocados, que hemos voluntariamente renunciado a nuestra magnificencia, que estamos enseñando y convenciendo a nuestros propios hijos a que renuncien a sus sueños. Estamos tratando de sofocar su grandeza por si acaso ellos pudieran demostrar lo vacío de nuestras vidas, el desperdicio de nuestra existencia, tratamos de asustarlos y llenarlos de ansiedades y desconfianza, para hacerlos preferir la seguridad a la felicidad, tal como hicieron nuestros padres con nosotros.
Al mismo tiempo, las filosofías de la Tierra están propagándose por todo el mundo, juntándose con las del este y del oeste para unir todos los conocimientos y sabidurías para elevar la humanidad a un más alto nivel. Se están redescubriendo y difundiendo por todo el mundo las tradiciones milenarias de los indígenas y están ganando reconocimientos plantas medicinales muy valiosas por sus dones y por sus capacidades para ayudarnos. Hay una cantidad de instituciones científicas, universidades y hospitales que están investigando los efectos y beneficios de las prácticas chamánicas y las plantas medicinales en nuestra salud física, mental, emocional y espiritual. Se están curando drogadictos, están desapareciendo enfermedades incurables y la importancia de estas prácticas es cada día más ampliamente aceptada por los gobiernos, científicos, psiquiatras y médicos.
Sin embargo, debido a la creciente popularidad de estas antiguas prácticas y el uso de plantas medicinales psicotrópicas, hay un enorme interés comercial y un abuso generalizado. Una enorme industria de turismo espiritual y “curanderos” ambulantes están proliferando por el aumento en demanda e interés. Especialmente con la Ayahuasca, cada día cientos de “chamanes” o “ayahuasqueros” aparecen para satisfacer la demanda, viajando por todos lados y ofreciendo improvisadas ceremonias con un mínimo de entrenamiento, conocimiento, respeto y experiencia pero principalmente, con intenciones impuras.
Para los que experimentan estas prácticas sin ser abusados, engañados o maltratados hay todavía muchos casos de falta del debido apoyo, de formas de traducir las experiencias a su propia cultura y comprensión, de herramientas e instrucción para poder aprovechar al máximo de los dones.
Pero...nosotros, en TierraMítica, osamos soñar y seguimos nuestros corazones.
-Nuestra Visión
Nuestra visión es una sociedad en constante aumento de nuevos seres humanos que se atrevan a cometer la hybris de escoger sus propias percepciones, sus propias creencias, escogiendo el mundo en el que ellos desean vivir, escogiendo quiénes quieren ser en vez de sucumbir a una percepción de la realidad guiada por miedo colectivo. Una sociedad de seres humanos felices, magníficos, míticos. Seres humanos que escriben su propia historia de vida, que son los héroes de sus historias, que se permiten ser tan bellos y especiales como desean, que deciden no seguir siendo espectadores impotentes de sus vidas.
-Nuestra Misión
Nuestra misión es proveer un lugar donde ayudar a las personas a sanar sus heridas personales al igual que nuestra herida colectiva, reponer nuestra confianza en la sabiduría del mundo en que vivimos, en nosotros mismos y en nuestros semejantes.
Nuestro propósito es proveer un refugio que ofrezca todo lo que nos gustaría que nuestras propias hermanas, hermanos, madres y nosotros mismos tuviéramos para absorber los dones y entendimientos sanadores de la medicina y de las ceremonias. Un lugar para inspirar y devolver la confianza necesaria para que nuestros semejantes se atrevan a redescubrir lo mejor que hay dentro de sí mismos para profundizar nuestra habilidad de acoger la perfección a cada momento, de vivir vidas asombrosas, bellas, que nos llenen de satisfacción a la vez que irradien y transmitan belleza a todos a nuestro alrededor.
La felicidad es sentir y conocer profundamente bajo cualquier circunstancia que todo está como debería estar aun cuando todos y todo a nuestro alrededor nos asegure de lo contrario. Por eso necesitamos paz interior y eso solamente se puede lograr por medio de la confianza. Confianza en nosotros mismos, confianza en la belleza de nuestra naturaleza humana, confianza en el Universo, confianza en la sabiduría en vez de la aleatoriedad de la existencia. Tenemos el poder sobre nuestra propia percepción.
Nuestra misión es un semillero de felicidad.
No estamos solos.







































